Queremos
vivir en la montaña. Queremos unas comunicaciones,
unas industrias, una sanidad y una educación acorde
a nuestros tiempos. Queremos un horizonte despejado
para un desarrollo económico sostenible, no un
futuro hipotecado por la suma de desastres pasados
y venideros. Queremos mantener un entorno natural
emblemático para Aragón, pero cada vez más escaso
y, por tanto, de mayor valor. Queremos conservar
nuestros ríos, no inundar más pueblos y valles.
Frente
a este deseo de vivir, cuatro proyectos hidráulicos
amenazan nuestro territorio: Jánovas, Biscarrués,
Santaliestra y recrecimiento de Yesa; proyectos
impulsados por una mezcla de ilusiones vendidas
en otras tierras cercanas que dicen que para mejorar
unos, deben desaparecer otros; junto a intereses
inconfesables, cada vez más evidentes, llamados
trasvases, producción eléctrica, favores devueltos.
Grandes empresas cuyo interés general es la cuenta
particular de beneficios.
Necesitamos abrir un diálogo social en materia
hidráulica que respete el derecho al territorio
y al desarrollo de las minorías. Porque hay que
recordarlo: minorías somos todos en una u otra
ocasión. Un diálogo basado en el estudio de alternativas
a las necesidades reales, alternativas más viables
técnica y económicamente, más justas socialmente,
con menor afección humana y ambiental. Alternativas
que asuman que la montaña ya ha pagado más de
lo razonable su cuota de solidaridad con otras
tierras. Solidaridad, por cierto, ejercida a cambio
de nada. Necesitamos un diálogo con la participación
de todos y sin el agua al cuello para una de las
partes.
Creemos
que la oposición a las obras mencionadas ha sido
ya suficientemente expuesta por la mayor parte
de nuestros ayuntamientos en textos como el Manifiesto
por la Dignidad de la Montaña; que la movilización
social ha alcanzado cotas difícilmente igualables;
que los informes técnicos son de suficiente calado
y la posición de la Unión Europea lo bastante
clara, como para repensar una política hidráulica
obseleta.
Exigimos, pues, una moratoria para las cuatro
grandes presas proyectadas, una moratoria que
permita iniciar este diálogo preservando la dignidad
de la montaña, que es decir la de los montañeses.
Hoy, a caballo entre el siglo XX y el XXI; hoy,
más que nunca en la montaña, los ríos vivos, significan
pueblos vivos. Eso venimos a defender.
Y por eso, realizamos
este llamamiento a
las administraciones locales de la montaña altoaragonesa,
a
los sindicatos y asociaciones de todo tipo, a
los trabajadores y a las empresas de todo sector
y condición, a
las gentes de los cerca de cien municipios del
Pirineo y Prepirineo, y
a quienes son solidarios desde otros lugares,
en
fin, a los montañeses y las montañesas para defender
su territorio, ejemplificándolo
en la defensa de sus ríos, pueblos y valles amenazados,
con
el apoyo al paro general pirenaico el miércoles,
25
de octubre de 2000, de 12 a 14 horas,
y acudiendo a las concentraciones en las cabeceras
de nuestra comarcas.
Por la dignidad de la Montaña y el diálogo El
25 de octubre vamos a parar Para:
una
moratoria de 5 años para los proyectos de grandes
presas de Jánovas, Santaliestra, Biscarrués y
recrecimiento de Yesa; el respeto a las minorías,
como condición inexcusable junto a la moratoria
para la apertura a un diálogo social en materia
hidráulica que hasta ahora no ha tenido en cuenta
a los afectados; detener desde su base los proyectos
de grandes trasvases y mercadeo del agua que hay
detrás de estas nuevas presas; y salvar nuestros
ríos para salvar nuestros pueblos: ni más pueblos
ni más valles inundados.